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Correo desde Madrid: Milei bajo la cruz

Las impresiones desde dentro de la conferencia de Milei en la que una universidad católica le entregó una medalla de honor y el Presidente barrió con la doctrina social de la Iglesia.

Correo desde Madrid: Milei bajo la cruz

Una imagen ecuménica en Madrid, en el auditorio de la Universidad CEU San Pablo, que este viernes le otorgó su medalla de honor a Javier Milei. Por un lado, sobre la pared, la cruz con el Cristo de rigor para esta universidad católica. Debajo, de pie ante un púlpito, el propio Milei, hablando de la Torá y los diez mandamientos, mezclando su conversión al judaísmo (o su judeofilia) con su conversión, también a edad adulta, al pensamiento de la Escuela Austríaca, esa que lo hizo abrazar la fe del anarcocapitalismo.

Con tono mesiánico, Milei apunta que “los valores del capitalismo de libre empresa están escritos en las tablas de la ley”, que “la izquierda y los terroristas desprecian a Israel porque Israel es el bastión de Occidente” y que “el mal viene arropado de las peores intenciones en general, pero siempre son rojos”. Lejos de la doctrina social de la Iglesia -lo que sea que eso signifique, a esta altura- define a la justicia social como “envidia más retórica” y reclama que la “beneficencia no pueda ser impuesta a punta de pistola”, en referencia al cobro de impuestos.

El auditorio de unas pocas cientas de personas -todos muy católicos- lo escuchaba con sorpresa, aunque le aplaudieron otros pasajes, como los gritos de “viva la libertad carajo”. También se aburrieron en otros pasajes en los que Milei hablaba en lenguaje técnico de economista o hacía referencias a la historia argentina imposibles para un español, con términos como Plan Bonex, Rodrigazo, convertibilidad, corralito.

No hay lugar para las quejas por parte de la universidad. “No sé para qué me invitan si ya saben cómo me pongo”, les podría espetar Milei, el homenajeado, que visitaba Madrid por sexta vez como Presidente. La casa de estudios aprovechó la ceremonia para lanzar sus cursos de verano. Una lectura cínica de toda la situación podría ser que el Presidente argentino hizo un viaje oficial con los recursos del Estado para colaborar con la promoción de un negocio privado; un poco como si fuera el caso Libra, pero sin el turbio colorado Hayden Davis.

Dos semanas antes, el mismo auditorio católico que aplaudía a Milei estaba fascinado con otro “influencer” global: el papa León VIX, que en su visita apostólica a España estuvo en centros de asistencia para migrantes y personas sin techo y en una cárcel, y cuestionó a quienes caen en la “descalificación permanente del adversario” y la “cultura del descarte”. En línea con lo que sostenía el Papa Francisco, su sucesor pidió al Estado que haga esfuerzos enérgicos por los pobres y los inmigrantes e hizo un llamado a que España sea una “tierra de encuentro”. Todo muy distinto al mensaje de Milei, que hizo gala de su “desprecio” por el Estado y consideró “satánicos” a quienes tienen ideas de izquierda.

De alguna manera, las ideas del Papa y las de Milei pueden convivir para el grupo de gente que decidió premiar al líder de La Libertad Avanza por “su destacada contribución al debate internacional sobre la libertad económica y a su liderazgo en reformas orientadas a la estabilidad y modernización institucional de Argentina”, según el argumento por el que le entregaron la medalla de honor. León XIV o “El León”: da lo mismo.