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Competir es sano

Nicolás Varela es periodista y conductor de radio de profesión. De lunes a viernes conduce Buenos Vecinos, un magazine de información y entretenimiento local por FM 88,7 y El Diario Sur en Vivo. También forma parte de FeFIJEE al Extremo, los sábados a las 20.

Competir es sano

Es viernes y son las tres de la tarde. Estoy en el Monte Grande Rugby Club viendo el "Mundialito" que organizó el Instituto Grilli con los alumnos de primero a sexto grado. Mientras se juega la Copa Mundial de la FIFA, los chicos se repartieron países de todo el mundo para, primero, llevar a cabo tareas didácticas que de las que aprender desde colores, banderas y escudos, hasta costumbres y cuestiones típicas de los rincones más variados. Desde los hermanos latinoamericanos (a mi hijo le tocó el poderoso Ecuador, que viene de hacer historia frente a Alemania), hasta algunas sorpresas como Dinamarca (que no clasificó al de la FIFA pero es un gran país) o Curazao (del que aprendí muchas cosas que no sabía). La jornada es un espectáculo maravilloso, chicos y chicas de distintas aulas y edades juegan todos juntos.

De más está decir que es una jornada completamente ganada, porque se vivió una verdadera fiesta, pero alcanza con una sola jugada para describirlo de manera más cabal. Una jugada donde un chico de tercero quiere desbordar y una chica de primero corta el ataque con pierna fuerte y templada y el árbitro cobró lateral en ataque. Con los papás que estábamos al costado de la cancha nos miramos, ya que era lateral a favor de la defensora, porque el que atacaba la había rozado antes de que salga. Obvio nos reímos, pero seguido quedamos atónitos al ver que el joven de tercer grado agarró la pelota y en lugar de sacar dijo: "profe, era para ella porque yo la toque". Creímos que era un milagro, pero los grandes entendimos lo que pasaba cuando vimos al profe sacar la tarjeta verde. Se le había estado explicando a los chicos los valores de la sana competencia, y por eso sabían que una buena acción para con el rival y el juego iba a ser remunerada. Al final, el equipo que más tarjetas verdes consiguió, se llevó el premio Fair Play y ahí es a donde quería llegar. También hubo premio para el campeón y el subcampeón.

Este no es un debate que se dé en las escuelas, sino que lo traigo desde otro ámbito que suele ser, generalmente, también como un segundo hogar. Quizás lo más correcto sea decirle, una segunda escuela. Estoy hablando del club.

En el micro mundo del fútbol infantil y la familias que los integran se debate habitualmente la cuestión de la competencia. ¿Deben los chicos competir? Si se me permite, yo creo que si. Y se me permite agregar también, desde la más temprana edad posible. Desde que los chicos entienden que dos goles son más que uno, lo que corresponde es que lo tengan en cuenta a la hora de jugar al fútbol o cualquier otro deporte. De grandes no es estrictamente necesario, creo. Personalmente soy partidario de jugar por jugar, no contar los goles, y tratar de hacer lo mejor en cada jugada. Pero me parece muy importante que los chicos compitan, y que cuando lo hagan uno gane y otro pierda. Si, dije la palabra prohibida: perder.

Por eso es importante la competencia, porque la palabra perder tiene una connotación negativa dentro del inconsciente colectivo que para mí es equivocada. Perder es una de las tres posibilidades de cualquier juego en el que esté permitido empatar. En algunos juegos, como el tenis, perder es el resultado inevitable para uno de cada dos.

Por eso es importante que desde temprana edad los chicos aprendan a perder, y aprendan a ganar. Aprendan que ganar no es sinónimo de pisotear, ni de humillas, ni de destruir, y que perder no es sinónimo de nada malo. Es solo una circunstancia, en muchos casos simplemente inevitable.

Como dijo un poeta alguna vez, la verdadera lucha es de igual a igual conta uno mismo. Eso es ganar. La competencia con otros lleva a la auto superación, y reconocer el mérito de quien nos gana nos puede ayudar a mejorar en esa lucha. Pero especialmente nos puede ayudar a reconocer que perder a veces es simplemente inevitable. Como empezará a enterarse el mundo entero a partir de esta semana cuando empiece la eliminación directa en el mundial de la FIFA. Todos los países festejaron, desde su clasificación hasta simplemente escuchar oír el himno en los estadios. Y seguirán festejando aquellos que sepan perder, y que entiendan lo que alguna vez aprendí de otro gran poeta, éste más de mi época.

Se enseña rápido, pero se aprende despacio. Hay metas que exceden al mérito. No importa cuánto camines, caminando no se llega al espacio.