Trabajadores y trabajadoras de countries ubicados sobre la Ruta 52, en la zona de Canning, cuestionan el funcionamiento del colectivo 518 ramal La Providencia, el único transporte público que los conecta con sus lugares de trabajo. Denuncian demoras, incumplimiento de frecuencias y unidades en mal estado que complican su rutina diaria.
Cada madrugada, cuando todavía es de noche, empleadas domésticas, personal de mantenimiento, jardineros y obreros de la construcción esperan el colectivo en paradas sin resguardo. Según relatan, las esperas pueden extenderse por más de una hora y media, sin información clara sobre el servicio.
El problema, aseguran, se profundiza durante el verano, cuando la empresa reduce unidades bajo la presunción de una menor demanda. “Cambian los horarios y el colectivo entra cuando quiere”, resumió Isabel, empleada doméstica que trabaja en el country La Providencia, en diálogo con Diario Canning.

Isabel explicó que, tras una mejora momentánea luego de reclamos anteriores, el servicio volvió a deteriorarse. “Uno puede estar esperando una hora, una hora y media o hasta tres horas”, afirmó. La consecuencia es llegar tarde o directamente no llegar al trabajo.
Cuando el colectivo no pasa, las alternativas son limitadas. Un viaje en Uber hasta la zona de Saint Thomas, donde circulan otras líneas, cuesta alrededor de 9.000 pesos, una suma imposible de afrontar a diario para quienes dependen del transporte público.
La situación se vuelve más crítica durante jornadas de calor extremo. “Hay gente que se va caminando por la ruta con este calor”, relató Isabel. En algunos casos, los trabajadores deben recorrer hasta seis kilómetros por la Ruta 52 para llegar a los barrios privados.

La distancia que deben recorrer los trabajadores por la Ruta 52.
Este miércoles, una unidad del ramal La Providencia se rompió a la altura de Paseo Guadalupe y no pudo continuar. “Ya no podía seguir esperando”, contó Isabel, que terminó recurriendo a una aplicación de viajes para no perder el día laboral.
Natalia, ex empleada doméstica de un barrio cerrado de la zona, decidió dejar su trabajo en julio del año pasado debido a los problemas con el transporte. “Salía de mi casa a las cuatro de la mañana y aun así no tenía garantizado llegar a horario”, recordó.
Según explicó, los colectivos se retiraban en horarios pico y muchas unidades se rompían durante el recorrido. Las demoras implicaban descuentos salariales y largas jornadas fuera del hogar. “No podía volver a cualquier hora con una nena chica”, señaló.
También remarcó la falta de información para los pasajeros: “Esperábamos a la intemperie sin saber cuándo iba a pasar el próximo colectivo”.
La respuesta de la empresa por la línea 518
Desde la empresa José María Ezeiza, prestataria del servicio de la línea 518, indicaron a Diario Canning que el cronograma habitual se mantiene sin modificaciones. Según explicaron, el ramal cuenta con nueve unidades diarias entre las 6 y las 17 horas.
Un responsable de la firma aseguró que, ante inconvenientes técnicos, se envían colectivos de reemplazo. “Hoy un coche levantó temperatura, pero enseguida mandaron otro y levantó a los pasajeros”, afirmó, y negó que haya personas obligadas a caminar largos tramos por la Ruta 52.
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